La conducta egomaníaca de Trump y una Venezuela que sin Maduro al mando mantiene por el momento su poder represivo intacto.

La egomanía, es tal vez la definición más unívoca que representa la personalidad de Donald Trump.

Independientemente de sus aspiraciones hegemónicas sobre América (de norte a sur) y sobre la misma Europa como estrategia tan voluminosa como suicida, estas, no podría llevarlas a cabo sin el auto apoyo incondicional de su extrema obsesión consigo mismo. Claro que, el sentimiento de superioridad como creencia convencida de auto percibirse “el mejor”, son también condimentos temerarios que están al pie del cañón al momento de tomar sus decisiones. Pareciera el renacer de una generación de presidentes más cercanos al Psicoanálisis que a la de un estadista.

Con brutal afrenta al derecho internacional, Donald, vocifera en cuanto medio tiene a mano que: “Lo único que puede detenerme es mi propia moralidad” ¡SIC! comentario desmesurado si los hay, con la certeza de tener detrás de su espalda el poderío militar. Esta brabuconada irracional dónde las reglas del juego las impone él, tiene la intencionalidad de dirigir su mensaje al exterior porque dentro de su propio país, su popularidad está en franco descenso.

Al argumento del presidente Trump sobre “la transición” que deberá vivir Venezuela de un viejo a un nuevo sistema, se suma ahora Groenlandia, con el fundamento estratégico de la defensa occidental. También hubo promesas de sus predecesores y los resultados están a la vista: Irak, Haití y Libia, dónde después de las “invasiones paternas”, todo quedó en la nada y el absurdo.

Otro de los argumentos alegados, es el petróleo de Venezuela que, bajo su tierra bendecida, tiene un reservorio mayor aún qué el de Arabia Saudita, pero al tener una infraestructura vetusta por falta de inversiones tecnológicas hoy, su capacidad de extracción es solo del 1% y, frente a las condiciones objetivas visibles, ninguna empresa petrolera como Exxon, está dispuesta a invertir mientras las garantías de coherencia táctica no se hagan visibles.

Por el momento, el país latinoamericano se ha convertido en un protectorado de los Estados Unidos y los seudo grupos de izquierda populistas, no tienen pensado un “contra ataque revolucionario”. Sus líderes, solo expresaron enunciados vacíos de contenido, siendo solamente la guardia presidencial (mayormente cubanos) los que se pararon de manos frente al “operativo extracción”, dónde murieron al menos treinta y dos de ellos. Toda una patética escena que no ha hecho más que agudizar la incertidumbre y sufrimiento del pueblo venezolano.

La diáspora de nueve millones de habitantes, sumados a los encarcelados y desaparecidos, solo es comparable con un estado de guerra.

En los altos mandos militares, comienzan a circular dudosas lealtades y de profundizarse estas presunciones, la hipótesis de una guerra civil asoma de manera preocupante. Por estos días, Rusia y China miran con sus panópticos segundo a segundo los devenires a la espera de que esta “jugada épica” tenga un principio de solución para todas las partes, incluidos obviamente ellos. De lo contrario, estas dos potencias no se quedarán de brazos cruzados.

Mientras tanto, Donald Trump, continúa jugando con sus propios aliados al “subi baja” con la política arancelaria, luego, con la política migratoria y mañana, si por la noche sufre alguna pesadilla por su fallido reconocimiento al premio Novel de la Paz (que todavía no ha podido digerir) - ¿quién podría pronosticar su próxima movida de ajedrez sobre el sensible tablero geopolítico?

Yo, no estoy diciendo: “Patria sí, Colonia No”- No confundamos esta mirada crítica hacia el mandatario Trump con una pretendida reivindicación hacia la lacra Stanilista. Ellos fueron y son cómplices de la barbarie a la que es sometida Venezuela y argentina en las últimas décadas, dió su apoyo incondicional en connivencia con este nefasto “movimiento bolivariano” que en nada representó los ideales del prócer Simón Bolívar.

No todo es como parece ser. En todos los países se cuecen habas, y si algún mandatario con delirios napoleónicos en nombre de estos sistemas, toma decisiones sin respetar las soberanías y los derechos humanos, vamos a seguir poniendo la mirada escrutadora con la dureza que corresponda.